Participación, participación, participación

La sensación de recuperación que experimentan nuestros pacientes con lesión cerebral es mayor en la medida en que son capaces de volver a ser partícipes de una vida social plena

La salud es “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. La cita procede del Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y no ha sido modificada desde 1948.

Clasificación Internacional del Funcionamiento, Discapacidad y de la Salud

El concepto de salud de la OMS supuso y supone una auténtica revolución para aquellos que nos dedicamos al cuidado de la salud de las personas. Frente al modelo tradicional biomédico en el que la persona es sencillamente un sujeto pasivo sometido a un procedimiento externo que tiene como objetivo su curación, la OMS propone un abordaje de los problemas de salud mucho más amplio incluyendo aspectos físicos, mentales y sociales. En el año 2001, más de cincuenta años después de dicha definición, la OMS desarrolló su Clasificación Internacional del Funcionamiento, Discapacidad y de la Salud incluyendo esta visión biopsicosocial que resaltaba como aspecto relevante el impacto que sobre la salud tienen las relaciones interpersonales y las actividades sociales y comunitarias.

Aquellos que dedicamos nuestro día a día al cuidado de las personas con lesiones cerebrales, somos plenamente conscientes del impacto que dichas lesiones tienen sobre el funcionamiento social del individuo que lo sufre, así como los efectos negativos que esta pérdida tiene en términos de bienestar físico y mental.

El fracaso en la reconstrucción de las relaciones sociales después de una lesión cerebral es tan frecuente que resulta llamativo lo olvidado que está, tanto en términos de valoración como de intervención, por parte de los programas tradicionales de atención y rehabilitación de estas personas.

Si revisamos la literatura, tan solo un 2% de los ensayos en ictus agudo y un 6% de los ensayos en rehabilitación del ictus se centran en la valoración de las limitaciones en “participación” como un elemento relevante. No es de extrañar que las personas que han sufrido un daño cerebral, a menudo consideren que los profesionales que se dedican a su rehabilitación tienden a obviar estos aspectos de su existencia.

No solo eso, un alto porcentaje de nuestros pacientes, a los que consideramos como “bien recuperados”, siguen presentando graves problemas de integración que impiden que se desarrollen como personas plenas, sin que eso parezca ser un tema de intervención prioritario.

Estos datos llaman aún más la atención cuando sabemos que la sensación de recuperación que experimentan nuestros pacientes es mayor en la medida en que son capaces de volver a ser partícipes de una vida social plena. Son estas actividades y no otras las que les permiten volver a tener un sentido de pertenencia, de regreso a un lugar familiar y seguro.

Los efectos beneficiosos de esta interacción con “el otro” en la construcción de nuestro propia identidad personal son evidentes. Cualquiera de nosotros, como seres humanos únicos que somos, poseemos un sentido de autoidentidad, una fuerte sensación interna de lo que somos, de lo que nos hace iguales y a la vez diferentes, respecto a las personas con las que convivimos.

Área Médica del Servicio de NeuroRehabilitación de Hospitales Vithas.

Bibliografía

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