Esclerosis múltiple y rehabilitación

Sesión de rehabilitación de esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple (EM) es el trastorno neurológico discapacitante no traumático más común en adultos jóvenes en el mundo occidental. Es más frecuente en las mujeres, siendo la edad de comienzo habitual entre los 20 y los 40 años, con un pico a los 30 años. En España tasa de prevalencia es de 50 casos/100000 habitantes.

Tipos y manifestaciones clínicas 

Se trata de una enfermedad inflamatorio autoinmune desmielinizante crónica del sistema nervioso central, con un curso fluctuante e imprevisible. Según su perfil evolutivo se distinguen cuatro tipos:

  • Recurrente-remitente: las más común por debajo de los 40. Síntomas de instauración aguda o subaguda que progresan durante 24-72h, se estabilizan unos días y después mejora.
  • Secundaria progresiva: Un 25% de las personas que padecen esclerosis múltiple recurrente-remitente evolucionan con un empeoramiento neurológico progresivo.
  • Primaria progresiva: la más común a partir de los 40 años. Aparecen los síntomas de forma progresiva.
  • Progresiva recidivante: es la menos común. Se caracteriza por una progresión constante de la enfermedad desde el principio y por exacerbaciones ocasionales en su evolución.

Las manifestaciones clínicas más comunes son:

  • espasticidad,
  • pérdida de fuerza,
  • alteraciones en el equilibrio y la coordinación,
  • fatiga,
  • parestesias,
  • trastornos visuales,
  • trastornos cognitivos,
  • trastornos vesicoesfinterianos y sexuales,…

Las exacerbaciones del cuadro han sido identificadas como la causa principal de la acumulación de discapacidad en las formas recurrentes de la enfermedad. En este post nos centraremos fundamentalmente en la rehabilitación de las alteraciones motoras.

Tratamiento 

No existe un tratamiento curativo. El objetivo principal del tratamiento rehabilitador es el mantenimiento y la restauración de las capacidades físicas del paciente y de su autonomía. Éste ha de ser individualizado e interdisciplinar, es decir, deben intervenir el médico, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, logopeda, neuropsicólogo, psicólogo,….

Hay que tener en cuenta que la esclerosis múltiple es un trastorno neurológico progresivo que no sigue el modelo habitual de rehabilitación, es decir, proceso agudo, recuperación funcional y readaptación al entorno, asociando además, exacerbaciones del cuadro. Por lo tanto, es difícil establecer protocolos estándar de rehabilitación, aunque sí que hay que tener en cuenta algunas consideraciones propias de esta enfermedad:

  • La fatiga es el síntoma más frecuente de los pacientes con Esclerosis Múltiple, siendo una de las causas principales de la limitación de las actividades. No hay una correlación directa entre la intensidad de la fatiga y el déficit motor, pero el desacondicionamiento ha sido identificado con un factor importante para la fatiga. Ésta disminuye con la práctica regular de un ejercicio aeróbico. Pero, hay que tener en cuenta que un programa de potenciación muscular agresiva es contraproducente por el incremento de la fatiga que puede ocasionar. En cambio, un programa de potenciación muscular suave resulta útil para prevenir la atrofia por desuso y reducir la espasticidad. Por otro lado, es recomendable realizar descansos frecuentes durante la sesión. También se puede establecer un programa de conservación de la energía consistente en la planificación de las actividades diarias del paciente, con descansos frecuentes, con el fin de evitar el agotamiento al final del día.
  • Los síntomas se agravan con el calor y mejoran con el frío. Dado que el aumento de la temperatura corporal es en parte responsable de la fatiga, el enfriamiento previo al ejercicio puede mejorar el rendimiento y aumentar los beneficios del ejercicio. Como técnica crioterápica se puede emplear la aplicación de hielo, ingestión de bebidas frías, duchas o baños fríos…

Fases y rehabilitación

En líneas generales, según el momento evolutivo del paciente el enfoque terapéutico variará:

  • En la fase inicial del diagnóstico y en pacientes con un grado leve de discapacidad lo fundamental es proporcionar al paciente información sobre la enfermedad. Se ha de recomendar la actividad física regular e incluso se pueden enseñar estrategias compensatorias para conservar energía.
  • En las fases de discapacidad moderada la rehabilitación se debe enfocar en mejorar o mantener las funciones motoras mediante ejercicios de fuerza, resistencia, flexibilidad, equilibrio, entrenamiento respiratorio y entrenamiento con dispositivos de asistencia, así como hacer adaptaciones en la vivienda. Estos programas de rehabilitación deben ser personalizados en cuanto a intensidad y duración de los ejercicios.
  • En una fase más avanzada de la enfermedad, el tratamiento se orienta hacia el mantenimiento de la autonomía con el empleo de ayudas técnicas y a la prevención de complicaciones como contracturas o úlceras por presión.

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