Las secuelas motoras más comunes en un ictus

Los pacientes que han sufrido un ictus pueden experimentar una gran variedad de limitaciones y complicaciones que seguramente dificulten su recuperación óptima. Nos referimos a una serie de secuelas de mayor o menor medida dependiendo de diversos factores: tipo de ictus, zonas cerebrales lesionadas, tiempo transcurrido desde la aparición de los síntomas hasta la atención médica, etc. En esta línea queremos hoy dedicar nuestro artículo. Así pues vamos a describir las secuelas motoras más comunes en un ictus.

¿Cuáles son las secuelas motoras más comunes en un ictus?

Entre las secuelas motoras más comunes en un ictus, se engloban la falta de coordinación (ataxia), debilidad y ausencia parcial de movimiento voluntario (paresia), pérdida de función motora (plejia).

Ahora bien, si hablamos de grado de recurrencia, la secuela motora más común en un ictus, suele ser la hemiparesia. Esta dolencia produce efectos directos sobre la salud del paciente. En concreto, se reduce la masa muscular de quien la padece y con ello la fuerza. Por otro lado, se priva al organismo de realizar con independencia las Actividades Básicas de la Vida Diaria (AVD). De igual forma, la marcha, en los que la logran, se ralentiza con un coste de oxígeno elevado para distancias cortas. La marcha hemiparética se vuelve ineficiente desde el punto de vista energético.

Así pues, la movilidad reducida aparece como efecto indirecto, hecho evidente en estados extremos de alteración motora de tipo piramidal. Los deficit neurológicos focales en fase aguda, comprometen la movilidad de los pacientes, con reducción notable de la actividad física y por tanto, del estado físico. La inmovilidad e inactividad causan pérdida de la masa muscular, aumento de la grasa corporal, limitación de la movilidad articular y reducción de la densidad mineral ósea.

Complicaciones físicas en pacientes con ictus

Además, todos los pacientes afectados por un ictus con mayor o menor índice de secuelas pueden sufrir en períodos posteriores alguna de las siguientes complicaciones físicas:

  1. Alteraciones sensitivas: los pacientes pueden sufrir alteraciones sensoriales en el tacto, sentido de la posición y otras. La gravedad suele estar asociada al déficit motor. Se debe valorar si existe una pérdida o alteración sensorial del lado afectado e instruir a los pacientes en el cuidado del miembro afectado.
  2. Espasticidad: la espasticidad es uno de los problemas más frecuentes tras un ictus (19-38% de los pacientes). Puede interferir con la rehabilitación y las AVD. Además, llega a ocasionar otras complicaciones, como dolor y contracturas. Hasta un 17% de los pacientes que han sufrido un ictus presentan espasticidad al año del episodio. De hecho, un 4% presenta una espasticidad discapacitante. No deben tratarse todos los casos de espasticidad. Por ejemplo, una espasticidad ligera puede que no requiera tratamiento, mientras que los casos más graves a menudo no responden al mismo.
  3. Hombro doloroso: el hombro doloroso en el paciente hemipléjico es un problema común. Hasta un 72% de los pacientes experimentarán al menos un episodio de hombro doloroso durante el primer año. Esto, puede llevar a retrasar la rehabilitación y la recuperación funcional. Se relaciona con la espasticidad y con la subluxación del hombro del miembro pléjico. Una vez que el dolor se ha instaurado el manejo es difícil, por lo que se considera que actuar de manera preventiva es la mejor aproximación al manejo del hombro doloroso.
  4. Subluxación del hombro pléjico: es una complicación frecuente ya que más del 50% de pacientes lo padecen tras un ictus. Se suele dar en etapas hipotónicas, cuando el paciente está en la etapa aguda de la lesión.
  5. Dolor central post-ictus: los pacientes con ictus son más propensos a desarrollar una forma de dolor central superficial, quemante o lacerante. Este dolor empeora al tacto, con el agua o los movimientos. En la mayoría de los casos se asocia con disestesias y alodinia. Su grado de incidencia sería de aproximadamente un 2-8% de los pacientes. Frecuentemente los síntomas se manifiestan a partir del primer mes tras el ictus.

Referencias

 

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