Viviendo en una montaña rusa – Experiencia personal tras sufrir ICTUS

Encarna es una paciente del Servicio de NeuroRehabilitación de Hospitales Nisa que cuenta su historia tras sufrir un ictus

Tengo 36 años y hace dos que sufrí un Ictus, me gustaría compartir con todos mi experiencia. El 2 de Julio del 2015, me levanté como cada día para ir a trabajar pero de repente noté una sensación extraña en mi cabeza difícil de explicar. No era capaz de organizarme ni siquiera de vestirme. Intenté seguir preparando la comida para ir al trabajo y no sabía cómo hacerlo, aún así me marché al trabajo. Una vez allí algunos síntomas empezaron a agravarse, media cara se me paralizó y empecé a llorar descontroladamente. Desde ese momento mi vida dio un giro.

Al principio lo que más me preocupaba era no poder controlar mis emociones, era como una montaña rusa, igual estaba arriba llena de euforia que en un segundo caía en picado y todo era negro. En todo momento era consciente de mis cambios y eso aún me afectaba más, porque sabía que estaban sufriendo las personas de mi alrededor. Hasta el momento nadie me había explicado por qué actuaba así.

Cuando me derivaron al Centro de Daño Cerebral Vithas Vinalopó todo fue cambiando, lo primero que hicieron fue explicarnos tanto a mi familia como a mí el por qué de mi comportamiento. Nos facilitaron pautas para mi control emocional y nos recomendaron iniciar tratamiento farmacológico. En un primer momento, me mostré reacia a tomar medicación para controlar esos cambios tan bruscos, pero al final me hicieron entender lo importante que era y sobre todo lo hice por los que estaban a mi alrededor. El tema de la medicación es muy complejo, hasta que llegas al tratamiento adecuado hay que hacer muchos cambios y no siempre la primera medicación es la adecuada para ti, pero tienes que seguir probando. Hoy por hoy, reconozco que esa medicación me está ayudando mucho, no solo para controlar mi actitud, sino también me ayuda a estar más centrada y avanzar en otras áreas.

Los cambios que he sufrido tras el Daño Cerebral Adquirido no solo me han afectado a nivel emocional, también mi vida social se ha visto muy afectada. Mi entorno más cercano veo que ha cambiado muchísimo porque no soy la misma persona, ya no soy capaz de salir asiduamente como antes y compartir momentos con ellos como cumpleaños, fiestas, tomar café u otros eventos, mis alteraciones cognitivas no me permiten estar en sitios con demasiados estímulos a la vez, porque llega el momento en el cual no soy capaz de centrarme en una conversación, me siento alterada, frustrada y ese momento tengo que salir de donde me encuentre y desconectar. Con lo cual algunas amistades han terminado por alejarse aunque, como se suele decir, para lo bueno estamos todos pero para las malas… Los justos pero los mejores.

Las principales secuelas que yo he sufrido no se ven a simple vista, puesto que puedo moverme, caminar, hablar, digamos que, aparentemente, puedo hacer una vida normal, pero el ritmo que lleva la sociedad para mí es demasiado rápido. Aunque esto la gente no lo puede percibir ni sentir y llegan las preguntas del tipo… ¿Cuándo empiezas a trabajar? ¿Por qué no quieres salir? Entonces yo pienso ojalá pudiera hacerlo.

Después de hablaros sobre cómo me siento si soy sincera a veces pienso… Si no me entiendo ni yo misma, ¿cómo me van a entender los demás? Pero siempre hay que agradecer a esos familiares y amigos que nos apoyan y siguen a nuestro lado, yo en especial tengo que agradecérselo a mi pareja que nunca me ha soltado de la mano.

Para finalizar solo decir que está claro que esto no es un camino de rosas, también hay muchas espinas pero debemos saber que el dolor pasa y el orgullo de conseguir lo que queremos siempre quedará.

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