Tortícolis muscular congénita en niños

Rehabilitación de la tortícolis congénita en NEURORHB

De los trastornos musculoesqueléticos en los niños, las alteraciones no óseas del cuello se encuentran entre las más frecuentes en el recién nacido. En estas, su origen puede ser neurológico, congénito o por alteración de los tejidos blandos. La tortícolis muscular congénita es el tipo más frecuente y suele hallarse presente en el nacimiento como consecuencia de una lesión del músculo esternocleidomastoideo.

Los que mayor riesgo corren son los fetos de gran tamaño, nacidos con partos difíciles. Entre otros eventos, se produce una desviación de la oreja hacia el lado afectado y rotación de la barbilla hacia el lado contralateral.

Importancia de la intervención precoz en niños con tortícolis congénito

La intervención fisioterapéutica precoz en pacientes con diagnóstico de tortícolis muscular congénito, favorece la resolución del proceso patológico en la mayoría de los casos. De hecho, restablece la postura, y la movilidad cervical activa completa. Esto conlleva a conseguir una correcta alineación de la cabeza con el tronco y las extremidades.

En ocasiones el tortícolis muscular congénito se asocia a patología graves. Por ello es de gran importancia la detección precoz y un correcto diagnóstico diferencial con tortícolis por malformación de la columna vertebral, subluxación de una vértebra cervical, tortícolis de origen infeccioso, tumoral, ocular, etc. El tratamiento precoz evitará la instauración de secuelas como asimetría facial, deformidades raquídeas…

Pueden verse casos de tortícolis congénito por una lesión producida por estiramiento del músculo, generalmente tras partos difíciles, por ejemplo en partos de nalgas o en aquellos que requieren una hiperextensión del cuello.

La asimetría craneal o plagiocefalia suele detectarse en los primeros meses de vida. Con frecuencia se observan también asimetrías facial y craneal.

¿Cómo son las alteraciones en niños con tortícolis muscular congénita?

En niños con tortícolis muscular congénito pueden observarse alteraciones del desarrollo psicomotor como disminución de la actividad en un hemicuerpo, función inadecuada de la mano del lado de la lesión o inadecuado volteo hacia el lado contrario a la lesión.

Se plantean dos causas principales: muscular (isquémica, traumática y vascular) y no muscular: (18 % de los casos). Por ejemplo: malformación cervical, subluxación de una vértebra cervical, hernia discal, tumor en fosa posterior, paresia del músculo extraocular, estrabismo, nistagmo, reflujo gastroesofágico…

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

Primeros meses de vida

  • Cabeza permanentemente en inclinación homolateral y rotación contralateral
  • Pliegue cutáneo en la base del cuello del lado de la lesión con piel enrojecida
  • Plagiocefalia asociada y presencia de tumefacción ovoide del músculo

Primeros años de vida

  • En ocasiones el diagnóstico no se realiza hasta llegada esta etapa
  • La resolución nunca es espontánea
  • – La retracción se consolida (tortícolis irreducible)
  • – Se asocia a la aproximación y ascenso del hombro sano a la línea media por desplazamiento de la cabeza y el cuello hacia el lado de la retracción
  • – Desviación de la mirada hacia el lado contrario a la retracción
  • – Se puede observar asimetría en el relieve de los pómulos, ojos, boca, pabellones auriculares

¿Cuáles son los objetivos para tratarlo?

  1. Brindar atención multidisciplinaria
  2. Adecuación o apoyo psicológico a la familia
  3. Educar a la familia en el manejo del niño: posturas, comunicación con el medio, estimulación sensoperceptual
  4. Restablecer el equilibrio articular libre de la columna cervical
  5. Restablecer la movilidad cervical activa completa
  6. Conseguir una correcta alineación de la cabeza con el tronco y las extremidades
  7. Favorecer un desarrollo motor adecuado
  8. Si la contractura está instaurada, el objetivo sería ganar la máxima amplitud de movimiento de la columna cervical mediante estiramientos del músculo afecto, junto a la estimulación y a la movilización activa

Es fundamental que los padres se impliquen en el tratamiento de su hijo y conozcan la forma más adecuada de estimularle. Una buena forma sería presentándole juguetes por el lado afectado, por ejemplo sonajeros u otros juguetes sonoros. Este tipo de acciones provocarán que el pequeño  intente girar la cabeza hacia el lado del estímulo. También podemos hablarles por el lado hacia el que tiene dificultada la rotación, estimularles con una linterna, con una brocha, alimentarles por ese lado, etc.

Experiencias en primera persona de un caso real con tortícolis congénita

Pero, tan importante como la implicación posterior al diagnóstico está la observación durante los primeros días en casa. Durante ese período, observas tanto al bebé que es fácil detectar cuándo algo no va bien. También es fácil equivocarse. Por eso, es importante consultar al especialista para clarificar las dudas. Para que podáis salir de ellas os ofrecemos una experiencia en primera persona de una mamá con un pequeño con tortícolis muscular congénita.

Álvaro tenía apenas 10 días cuando empecé a darme cuenta que siempre giraba la cabecita hacia el lado derecho. Cuando estaba tumbado boca arriba la posición de su cabeza siempre tendía a inclinarse hacia la izquierda y su barbilla hacia la derecha.

Era un niño muy despierto, curioso. Era muy fácil llamarle la atención cuando se le presentaban estímulos en su lado derecho. Sin embargo, prácticamente los obviaba cuando éstos eran presentados por el lado contrario. Ante la duda, lo consulté con su pediatra. Este me dijo que era normal, nada alarmante. Me indicó que le estimulara al lado contrario y que iríamos observándolo. Y, así se hizo. Sin embargo, cuando ya tenía un mes de edad, continuaba presentando esta posición y cada vez era más notoria.

Yo conocía el tortícolis muscular congénito. Por ello, había que, a pesar de no tratarse de nada grave, la detección precoz y la prontitud del abordaje terapéutico eran importantes para impedir que aparecieran otro tipo de complicaciones. No estaba tranquila. Así pues, en la revisión del primer mes de vida, le trasladé mi preocupación a su pediatra del Centro de Salud. Fue entonces cuando solicitó una interconsulta con el especialista pertinente para valorar el caso.

Efectivamente, tortícolis congénito. Empezaba a presentar plagiocefalia postural (aplanamiento de la cabecita) y asimetría facial leve. También los pliegues de los glúteos eran asimétricos. Esto era, seguramente, debido al tortícolis, pero se debía comprobar mediante una ecografía que no hubiera displasia de cadera. En fin, comenzó todo un protocolo para asegurarnos de que no había ningún problema asociado. Paralelamente, comenzamos la rehabilitación. Como siempre lo había vivido del otro lado, vi la necesidad de llevarle a un profesional al menos dos horas por semana, tal como me recomendaron. En las sesiones yo no estaba presente, excepto los últimos minutos de la sesión, cuando nos daban pautas para trabajar en casa. Y, con el tiempo, entendí que era lo mejor. Hay ejercicios que corresponden al profesional y que es mejor hacerlos en un contexto de rehabilitación.

El resultado de la rehabilitación

Las pruebas salieron bien y la rehabilitación dio pronto sus frutos. La evolución había sido tan positiva que, en apenas dos meses, a Álvaro se le dio el alta. A partir de ese momento, una única premisa, observarlo y controlar que no apareciera ningún síntoma a lo largo de su desarrollo psicomotor, al menos durante el primer año de edad. Los profesionales llevarían un seguimiento del caso para tranquilidad de todos.

Muchas personas opinaban que quizá no era necesario reforzar el tratamiento, que de todos modos hubiera mejorado siguiendo únicamente las pautas de rehabilitación. Sin embargo, en mi opinión y, lejos de establecer tiempos, ya que cada niño sigue su propio proceso como consecuencia de muchos factores (gravedad, etc.) o desmerecer a los especialistas. Estoy completamente segura que cuanto más intenso y temprano sea el tratamiento, más pronta es la recuperación. En nuestro caso, así fue. Y, a pesar de ser duro al principio, ya que era muy pequeño, en Álvaro no solo no se vio mermado su desarrollo psicomotor sino que, además, fue muy precoz en cuanto a la adquisición de sus habilidades motoras.

¿De no haberle proporcionado esa ayuda hubiera seguido el mismo proceso? ¿Hubiera tenido las mismas posibilidades? Como madre, me alegro de no haberme quedado con la duda.

Mi más sincera enhorabuena a todos aquellos profesionales y amigos que hicieron el camino tan fácil y tan cómodo. Por la paciencia y el cariño mostrados, no solo hacia mi hijo si no también hacia mí.

Y, a todos los que lean este texto y, se encuentren en la misma situación, espero que les ayude a darse cuenta de que hay que restar importancia sin llegar a quitársela, porque es algo que no tiene porqué llegar a ser grave si se trabaja y, a pesar de ser una situación incómoda, la rehabilitación soluciona el problema. Tiene un principio y un fin, es una cuestión de paciencia y esfuerzo, dos factores importantes a la hora de ser padres.

Post redactado entre el área de fisioterapia del Servicio de Neurorrehabilitación de Vithas Hospital Nuestra Señora de Fátima en Vigo y el área de fisioterapia del Servicio de Neurorrehabilitación Pediátrica del Hospital Vithas Virgen del Consuelo.

Bibliografía

¿Te ha gustado este artículo? Déjanos tu valoración:

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (23 votos, promedio: 4,74 de 5)
Cargando…

One Comment

  • Carmen Castro Valeiras dice:

    El artículo es fantástico, muy bien argumentado, y muy bien explicado, esto nos ayuda a estar vigilantes con los más pequeños y saber que si hay algo que no nos parece normal, consultarlo lo antes posible por que hay muchos profesionales muy preparados que están ahí para ayudarnos. Gracias por vuestro trabajo. Ayudáis a mucha gente

Escribe un comentario

Llamar