Mi vida en sus manos. Experiencias de DCA en primera persona

Historia de una paciente de su paso por el Servicio de NeuroRehabilitación de Hospitales Vithas Nisa

Una de las formas de trabajar en terapia cognitiva con nuestros pacientes es haciendo que ellos mismos redacten qué es lo que les pasó y, si quieren, lo pueden compartir dentro de nuestro blog. 

Estaba en la universidad, acabando la carrera de informática, tenía toda la vida por delante e innumerables planes por realizar, quería trabajar, investigar, viajar, formar una familia y nunca había pensado que pudiera encontrar obstáculos en mi camino, o al menos de tal magnitud.

Me levanté por la mañana como siempre, a las 6:30h, con la intención de coger el metro, ir a la universidad, comer con mis amigas, por la tarde ir a la biblioteca para estudiar y hacer un trabajo con compañeros de clase y, por la noche, ir de cena al cumpleaños de un amigo.

Al día siguiente tenía partido de baloncesto (ya que jugaba en la liga universitaria) y por la tarde iría a un concierto de mi sobrina que tocaba el violín en una orquesta. Pero, ese día no llegué a realizar ninguna de esas tareas… Sufrí un atropello antes de llegar a la parada del metro, de pronto mi futuro se desvaneció, sólo había presente y era lo único importante. Aquellos instantes cruciales y determinantes…

La actuación de los sanitarios fue rápida e impecable, salvaron mi vida, hasta ahí su misión. Pero, mi vida iba a cambiar y era a mí a quien tocaba ahora continuar la hazaña emprendida por los médicos, ahora yo debía restaurar los daños sufridos, empezaba un camino desconocido e inquietante, para lo que acudí Al Servicio de NeuroRehabilitación de Hospitales Vithas Nisa especializada en Daño Cerebral, con esperanza, ánimo y mucho temor, no sabía qué me iba a encontrar…

Fui con mis padres a la primera visita, mientras esperaba, sentía mi corazón agitado en mi pecho, ellos charlaban de cosas banales intentando distraerme y así apaciguar los nervios. Por fin, se acercó una chica, se presentó y nos invitó a seguirla hasta un despacho, por el camino vi diferentes personas: unas en un gimnasio haciendo diversas actividades en colchonetas, en aparatos robóticos, con grandes pantallas de realidad virtual… Otras, en aulas realizando encajables y puzzles y ejercicios en un ordenador. También, pasé por una sala donde trabajaban con billetes y monedas, organizaban medicación en pastilleros y otras actividades cotidianas. Parecía que los usuarios estaban contentos, se respiraba un ambiente de trabajo agradable, lleno de sonrisas, respeto y cariño… Lo cual me ayudó a relajarme y los miedos fueron diluyéndose.

Ya en el despacho, fuimos atendidos por diversas personas, médicos y psicólogos, lo recuerdo muy bien, su amabilidad me reconfortaba. Era lo que más necesitaba en ese momento, profesionales en quien poder confiar con trato humano, sentirme escuchada, comprendida… Yo estaba en sus manos, ponía mi vida en sus manos…Me explicaron la dinámica a seguir y respondieron a todas mi dudas y preguntas, así como aquello que consultaron mis padres, a los que pidieron la máxima colaboración para trabajar, por mi bien, todos en equipo.

Empecé mi rehabilitación, al principio me pasaron muchas pruebas de todo tipo, físicas, mentales, funcionales que respondían al protocolo inicial. Después ya fui pasando por las distintas salas para realizar las prácticas y el entrenamiento necesario, todos los profesionales me recibían cada mañana con una sonrisa, tal vez ellos no se imaginaban que ese simple gesto era tan importante para mí, yo se lo agradecía cada día en mi interior, me gustaba mucho cuando íbamos al grupo de conciencia, donde las explicaciones nos ayudaban a comprender todo lo que nos estaba pasando, también era un buen momento para expresar aquello que nos preocupaba en un ambiente amigo, los compañeros eran, tal vez, quienes mejor me podían comprender por lo que iba creciendo la complicidad entre nosotros… La rehabilitación era intensa y también divertida, poco a poco me fui abriendo y fui haciendo amistad con unos y con otros.

Cada equis tiempo, me realizaban evaluaciones para observar mi proceso y evolución, momento muy importante para mí, yo advertía ciertos cambios pero mi percepción no siempre era certera, por eso mi psicóloga me explicaba los avances y objetivos logrados. Y pasó el tiempo… más de lo que yo esperaba en un principio, cuando creía que era cuestión de un par de meses, pero no, mi paso por el hospital se prolongó hasta los dieciocho meses, recuerdo ahora lo duro que fue en muchos momentos. Pero también cómo no caminé sola, mi fisioterapeuta, mis terapeutas, mi logopeda, mi psicóloga, mi médico, mi dietista, mi trabajadora social, mi auxiliar, me acompañaron a cada paso, cada uno en su función y  todas importantes… y cómo el esfuerzo mereció la pena, sin ninguna duda.

Ahora estoy de nuevo en la universidad, me cuesta un poco más memorizar, por lo que me adaptan el plan de estudios, realizando más exámenes con menos materia, por ejemplo, y otras modificaciones que me ayudan a llevar el ritmo necesario. En cuanto a amistades, todo lo ocurrido me ha hecho descubrir el verdadero afecto de algunas personas que han estado siempre ahí, de alguna u otra manera, visitándome en el hospital y en casa después, interesándose por mí, compartiendo su tiempo igual que hacían antes, igual que hacen ahora… Me siento bien, me siento feliz, tal vez haya cambiado un poco, me distraigo a veces, olvido alguna cosa, camino algo más despacio y mi pierna no siempre me responde como yo quisiera, pero tengo de nuevo esperanza y alegría de vivir, tengo de nuevo un futuro que me espera, sólo he de seguir.

Área de Terapia Cognitiva del Servicio de NeuroRehabilitación del Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar.

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