Drogas y daño cerebral – Experiencias en primera persona

Experiencia personal de uno de nuestros pacientes con daño cerebral por consumo de drogas

Antonio, hace dos años y medio, empezó a ser consciente de los problemas que tenía. Creía que los más importantes eran un Daño Cerebral que le marcaría el ritmo de su vida por siempre y, el más sucio y terrible para él, el que le había estado atormentando durante trece años, del cual se avergonzaba y era responsable del primero.

El consumo de cocaína era la sombra negra, tenebrosa y peligrosa que había arruinado su vida. Pero, por suerte y gracias a dos centros de rehabilitación, uno para cada conflicto, estaba regenerando su vida.

El día que empezó todo…

La historia comienza un domingo de finales de julio del 2014. Era un día especialmente caluroso con una afluencia de gente bárbara. Él entraba a las tres a trabajar y el aforo máximo estaba desbordado. Había pasado toda la noche en vela gracias a la única que le entendía por aquel entonces, su blanca acompañante de fatigas y duras sornas. Apenas durmió y fue gracias a hipnóticos.

Después de muy poco tiempo en el trabajo empezó a reclamar por la ventana de la cocina una hamburguesa que creía que le faltaba, aunque no era así. Comenzó a sentirse como ausente y solo le dio tiempo a decir que se encontraba mal. Cayó desplomado y seguidamente empezó a convulsionar sin ser consciente de nada de lo que allí estaba ocurriendo, más tarde descubriría que era una crisis epiléptica.

Tras la crisis epiléptica…

Cuando despertó, no entendía nada, sus brazos y piernas no funcionaban y apenas podía pronunciar palabra. En esa sala tan amarilla y vieja se sentía muy solo pero empezaba a sospechar quién podía ser la culpable de aquellas desgracias. Quince días en el hospital le valieron para confirmar su sospecha: iba a pagar por todos aquellos años de lujuria, desenfreno y coqueteo con las drogas. Un mes le costó entender que debía cambiar de hábitos ya que sus capacidades habían mermado.

Al poco tiempo le despidieron con la excusa del fin de contrato, pero él sabía que era porque no daba la talla como meses atrás. Sus crisis aumentaron y los problemas cognitivos eran de escándalo, era momento de intentar enderezar su destino. Pensaba que todo acabaría poniendo fin a su nocturna vida, pero no fue así. Su cabeza cada vez le hacía tener más malas pasadas: no reconocía a amigos o gente querida, su orientación era pésima…

Las crisis mejoraron pero lo demás no, cada vez estaba peor. Decidió ir a su neurólogo y le recomendó, para su sorpresa, ir a un centro de daño cerebral, así como tomar medidas para dejar atrás el mundo de los narcóticos.

La rehabilitación…

En la clínica se sintió cómodo rápidamente. Enseguida sabría que no todo estaba perdido, que había esperanza para él, aunque era un camino largo y a veces duro, lleno de emociones difíciles de explicar.

Aquello estaba lleno de gente sin ganas de juzgar y con ganas de que se les entendiese, dándose a conocer y mostrando lo mejor de ellos mismos. La estancia allí era agradable.

Gracias a ellos y a los terapeutas se sentía realizado, querido y con un futuro. Era tan feliz que la idea de irse era como una lápida que llevaba en la espalda, llena de miedos e inseguridades, pero en pocos meses pasaría, ya que habían transcurrido dos años. Era el momento de caminar solo.

Por eso, solo quería agradecer a toda la gente que ha estado a mi lado tanto aquí como en la U.C.A y dedicarles este post.

Antonio José P. L.

 

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