La mirada de Llorenç: “Amar y ser amado con discapacidad”

Llorenç comparte cómo ha sido su experiencia de ser amado tras sufrir un ictus

Creo que la primera vez que lloré después de sufrir el ictus cerebral, si la memoria no me falla, fue cuando visité a mi abuelo Llorenç, por entonces ya muy desmejorado, en mayo de 2008. Por fin dormía en mi propia casa tras meses viviendo en la habitación de Vithas Hospital Nisa Aguas Vivas.

Mi padre y yo salimos bastante pronto y, cuando nos presentamos en el domicilio del abuelo Llorenç, frente a frente y los dos en sendas sillas de ruedas, nos abrazamos y lloramos a lágrima viva. La escena sonaba a una despedida y, efectivamente, murió a las pocas semanas. En el entierro también esbocé algunos llantos, pero a partir de entonces ya no lloré ni una gota más.

Intocables, una película para reflexionar

Un domingo cualquiera, a principios de este gélido y lluvioso invierno, mi pareja, Esther, me propuso ver una película francesa, titulada Intocables, que se proyectó en 2011 y que trata de un noble muy rico que hace tiempo había sufrido un accidente haciendo parapente y se quedó parapléjico.

Un día, entrevistándose con aspirantes a cuidador, conoce a un tipo joven, de ascendencia africana, sin oficio ni beneficio y que trapichea con las drogas, cuya intención es que no lo contrate el ricachón, puesto que simplemente quiere cobrar el subsidio del paro. Sin embargo, sorprendentemente, le da el empleo y a partir de entonces, aunque los dos protagonistas no tienen nada en común, se forjará una profunda amistad que trasciende la relación profesional entre el cuidador y el discapacitado.

Este filme no es imaginario, es real como la vida misma y tiene un conmovedor desenlace. Si la habéis visto o si os pica la curiosidad, sigamos leyendo. Y si por el contrario alguien no quiere que yo cuente el final, que pare ya de leer, avisado está.

El millonario se cartea hace algún tiempo con una mujer que le gusta, aunque él no le cuenta que está parapléjico y no se atreve a conocerla en persona. Pero el cuidador, que un día descubre las cartas que se escriben entre ellos dos, lleva al aristócrata a un restaurante sin avisarle que la chica también acudirá a la cita… y luego, ya podéis imaginar cómo termina.

¿Yo podré tener pareja?

Durante las escenas de la película, yo no me había percatado de lo que sucedería en los instantes finales. Estaba recordando en mi interior las vivencias que tuve tras el ictus cerebral sin pararme un minuto a pensar lo que significan las emociones.

Sin embargo, en el colofón del filme, se me puso la piel de gallina y, acto seguido, lloré como no lo hacía en mucho tiempo, solo que esta vez lloraba de alegría. Todas las metas que había conseguido en mi andadura rehabilitadora -puesto que no hablaba, no escribía, no caminaba o no trabajaba desde el derrame cerebral, aunque tengo mis limitaciones-, ahora sí que podía hacerlo. Pero me faltaba algo muy importante: el amor.

Han pasado muchos años y tenía la sensación de que no sería posible encontrar una pareja, pero la felicidad ha devuelto la sonrisa a mi vida. Por eso, la película me estremeció de tal modo que enseguida empecé a llorar mientras mi novia me arropaba con sus brazos fuertemente.

Ser amado con discapacidad es posible

Pululando por las redes sociales, concretamente en un grupo de afectados por ictus, me topé con un chico que decía que el problema tras padecer daño cerebral era que ninguna mujer le aceptaba por ser discapacitado. Craso error.

Yo también estaba dubitativo, pero me acordé de algunos ex pacientes amigos o conocidos míos que encontraron a su pareja después de sobrevenirles el daño cerebral y continúan su relación estable y duradera. Puede que muchos os sintáis frustrados por no hallar sentido a vuestra vida, pero no os desaniméis: debéis intentarlo, como cuando empezasteis vuestra rehabilitación.

¿Y si no eres correspondido? Bueno, es una posibilidad… como los que no tienen ninguna discapacidad y pueden quedarse también solteros. Luchad por lo que creéis, y quién sabe si algún día la vida os brindará una oportunidad para disfrutar de algo que puede ser maravilloso.

Muchas personas con alguna discapacidad, incluido yo mismo, hemos pensado alguna vez que nadie nos podría querer por nuestra situación, por tener dificultad para caminar o por no expresarnos bien. Pero, en realidad, se trata de un problema de autopercepción y amor propio, puesto que para que otras personas nos quieran, primero debemos querernos nosotros mismos.

Imagen: Pixabay

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